El amor en los tiempos del coronavirus – Marcos Koremblit

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Marcos Koremblit

“El analista frente a los nuevas formas de presentaciones sociales, el amor y la sexualidad”. 

Estos temas tan complejos, actuales y vigentes en nuestras prácticas y en la sociedad en su conjunto, nos interpelan a pensar entrecruzamientos posibles entre el Psicoanálisis y otros campos teóricos. Esto implica siempre un esfuerzo adicional, pero ampliamente compensado por el fértil enriquecimiento que de allí surge. Cuando nos preocupamos por el futuro de nuestra disciplina, debemos tomar en cuenta que precisamente este tipo de intercambio es una apertura que nos fortalece. Nos obliga a pensar nuevos posicionamientos y formas de acercamiento a la comprensión tanto de fenómenos clínicos, como culturales y sociales. Y después revisarlos desde nuestro propio aparato teórico, reevaluando además, si contamos con las herramientas conceptuales para su comprensión y su abordaje. 

Para empezar intentaré ordenar algunas  cuestiones que nos pueden ayudar a  pensar estos fenómenos:

 1-  Empecemos hablando acerca del “amor”. ¿De qué amor hablamos los psicoanalistas?. No es posible una discriminación conceptual que defina al amor en toda su dimensión. Siempre habrá un resto que se nos escapa y es precisamente aquello que lo torna inaprehensible. 

2- “En tiempos de…”. ¿Cómo influyen en nuestra práctica los cambios epocales?.  El Psicoanálisis…¿debe estar siempre a la altura de la subjetividad de su época…?. Nuestro andamiaje teórico…¿trasciende las épocas?

3- “Nuevas formas de presentaciones sociales, el amor y la sexualidad”. Nuestra posición frente a las nuevas formas de configuración vincular y sexual y tantas otras temáticas, están siempre e inevitablemente plagadas de prejuicios.  Convendrá reevaluar como posicionarnos frente a nuevas formas de presentaciones sociales que contienen, pero también exceden a estas temáticas.

  1. Sobre el amor.

…Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor,
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos… 

(“Serenata para la tierra de uno”. María Elena Walsh)

El amor puede ser enfocado desde tantos campos teóricos que podríamos decir que es un tema omnipresente en nuestra historia y nuestra cultura desde que el mundo existe. No hay relatos en las novelas y en toda nuestra historia cultural que no tenga al amor como protagonista. Y sino el amor, al menos la falta de él, que es otra manera de hablar de lo mismo.

Si tal como propone Julia Kristeva “…Ser psicoanalista suponer saber que todas las historias acaban hablando de amor...” y “…En cada relato privado, íntimo, inconfesable, buscamos descifrar los meandros de ese mal que tiene una relación tan extraña con las palabras. Idealización, estremecimiento, exaltación, pasión…”, tratemos de ver cómo podemos acercarlo a nuestro campo y problematizarlo. 

Desde la tradición filosófica el amor en su versión romántica ha tenido una definición encapsulada bajo ciertos parámetros, asociados a la procreación y a la constitución normativa de familia. En esto tuvo una fuerte influencia el poder de la iglesia que lo construyó sobre una base cosmológica. “La filosofía ha hecho una apología del amor a menudo cercana al impulso religioso” (Badiou, A.). Aquello asociado al placer a pesar de expresiones episódicas, siempre fue vivido de manera pecaminosa y a escondidas desde las tinieblas, ocultable y demoníaco. 

Es a finales del siglo XIX, y definitivamente en el siglo XX, que el mundo occidental ha hecho un viraje que cambiaría la manera de aproximarse al tema para siempre. Esto ha permitido integrar otros componentes más allá de lo normativo, en tanto la sexualidad, el deseo y el placer han ido ganando protagonismo en esta escena. Para esto seguramente ha influido entre otros, la difusión del Psicoanálisis como cuerpo teórico y como práctica definitivamente instalada en la cultura.

Junto a esto ha habido cambios indiscutibles ligados al lugar de la mujer en la sociedad (clásicamente ubicada en un lugar secundario y devaluado en el modelo patriarcal de familia). El surgimiento y difusión de los anticonceptivos a mediados del siglo XX permitió la disociación entre sexualidad y reproducción. Esto se acentuó aún más con la introducción de nuevas técnicas reproductivas, dejando de ser así la maternidad clásica, y su inclusión en la familia patriarcal el único destino posible para la mujer. Y en las últimas décadas los movimientos de liberación LGBTI han contribuido mucho en esta discusión, convirtiéndose en importantes interlocutores.

Desde otra perspectiva la noción de perversión misma ya hace tiempo está puesta en cuestión en su perspectiva clínica. La dimensión del placer y del deseo se ha impuesto hasta llegar a límites insospechados. Fenómenos actuales como la llamada “Intimidad como espectáculo” nos obliga a asistir a un tiempo en que es difícil delimitar de manera precisa lo público de lo privado (Sibilia P.), tan alejado del lugar al que aspiraba la mujer en textos pioneros del movimiento feminista, que en su momento contribuyeron a cambiar el lugar de la mujer (Virginia Wolff  con “La Señora Dalloway” en 1928, “Un cuarto propio” en 1929, o Simone de Beauvoir con “El segundo sexo” en 1949).

El amor no es algo posible de aprehender. Al contrario si pretendemos hacerlo corremos el riesgo de encontrarnos con frases solemnes, hasta un poco vacías de contenido frente a la imposibilidad de la palabra de cubrirla en su totalidad. Por eso y como dijera un prestigioso ginecólogo en relación al orgasmo: resulta “imposible de definir, infinito de sentir”. 

Los psicoanalistas encontramos sin embargo un camino que si bien no lo recubre, nos permite sondearlo parcialmente a través de los estudios freudianos ligados al Narcisismo y sus vicisitudes, artículo princeps del  creador del Psicoanálisis en la Metapsicología del 15. Después Lacan lo complejizará y junto con el odio los incluirá como uno de los tres registros, la tópica de lo imaginario (El estadio del espejo y La agresividad en Psicoanálisis).

En sus artículos de la metapsicología Freud partiendo del modelo de la ameba y sus seudópodos, hará un aporte importantísimo en su obra a partir de describir las modalidades de elección objetal según el predominio de un componente narcisista o anaclítico. Propone el amor como aquello que permite al sujeto una entrega absoluta al objeto, y siempre ligado a la autoestima. Esta estará incrementada cuando el sujeto se siente narcisísticamente correspondido, y decrecerá cuando así no ocurre. Freud describe en este artículo entre otros, formas posibles de amar, diferenciando al amor femenino como aquel donde “se es amado”. Esta idea resulta polémica si la pensamos con una concretud alejada de lo que estaba en el germen de su idea, pensada en términos de “modelos” o posiciones identificatorias, como forma de enriquecer la teoría. 

“La anatomía es el destino” nos enseñó el maestro vienés. Parte de nuestro actual desafío consiste precisamente en diferenciar sexo de género con toda la complejidad implícita, pero como un deber ético frente a las consultas que hoy recibimos1. Solemos escuchar historias en nuestros consultorios de chicos y chicas que realizan su debut sexual con alguien de su mismo sexo con el fin de “experimentar”, y este hecho no parece cuestionarlos en su posición sexuada. Todo parece indicar que a los más jóvenes no les resulta algo del mismo nivel de preocupación que a los de nuestra generación. 

Esto parece un tema no menor en un momento histórico signado por lo cibernético, donde los contactos de los Jóvenes –y no tanto-  parecen signados por una rapidez y fugacidad tal, basados más en el “consumir más que en el consumar” vínculos (C. Moguillansky, comunicación personal). El factor cuantitativo ha pasado a tomar el centro de la escena, el amor y el interés por el otro en su condición subjetiva pareciera estar devaluado, en tanto cada uno parece buscar solo su “zona de confort” (Zygmunt Bauman), condicionando así un limitando intercambio2.

Como entendemos hoy, y especialmente exacerbados en tiempos de pandemia, los fenómenos ligados a las redes sociales y al tipo de “encuentro” rápido y fugaz que los jóvenes ya han instalado en nuestra cultura?. Como entender estas nuevas formas de organización –o desorganización?- de la sexualidad que parecieran circular en base a nuevos y distintos parámetros día a día, modelo aparentemente tan distinto de aquel descripto por García Márquez. El amor pensado en términos de “encuentro” amoroso, ¿habrá desaparecido en el ciberespacio?. ¿Se trata de una nueva forma de expresión que adquieren hoy, los mismos intercambios, idealizados a la distancia, de lo que ayer fueron las cartas de amor de nuestros abuelos?.¿O nos plantean el desafío de descubrir nuevas modalidades de expresión sin contar muchas veces con la capacidad de observación necesaria para detectarlo?. ¿Nuestra lupa habrá caído en desuso y nuestra dificultad pasa por no contar con categorías para evaluar estos fenómenos?. 

Para Badiou la “duración” es un dato no menor a la hora de entender el tema del amor (en consonancia con la diferenciación entre el “enamoramiento” ilusorio y fugaz, y el “amor” producto de un trabajo psíquico). “El amor empieza cuando el enamoramiento decae”, dice este autor (Badiou A., 2012). El “enamoramiento” resulta entonces siempre ilusorio y asociado a las pasiones. El “amor” en cambio resulta producto de un trabajo psíquico, un estado mental no fácil de alcanzar, difícil de mantener, producto de un logro depresivo bien instalado. El amor estará entonces asociado a la condición temporal. Y haciendo eje en el cuidado hacia la condición subjetiva del otro, en la posibilidad de amarlo en la cotidianeidad y a través del tiempo. En el poema que introduje este apartado, “Serenata para la tierra de uno”, nuestra amada María E. Walsh con su enorme sensibilidad destaca “sembrarte de guitarras” y “cuidarte en cada flor” es decir, el cuidado y la fecundidad como condiciones indispensables hacia aquello que se ama y no se quiere abandonar.

Identidad y Subjetividad.

El tema de la Identidad resulta siempre problemático en Psicoanálisis, en tanto supone algo acabado y consistente de una vez y para siempre, hecho que nuestra clínica, nuestra cultura y la vida misma pone en jaque a diario.

Donald Meltzer cuestionaba en Estados sexuales de la mente, el riesgo freudiano de pensar una “aristocracia genital” como un punto ideal de llegada propio de la Sexualidad Adulta. (Meltzer, 2011). Así nos facilitó en parte el camino a partir de las ideas de Bion, ayudándonos a entender, a partir del concepto de oscilación Ps-D., que estos estados no se logran de una vez y para siempre, sino que son precisamente oscilantes, cambiantes y siempre expuestos a ser perdidos frente a la amenaza de los procesos introyectivos. Pensando que la noción de sujeto no es homogénea podríamos discutir entonces con qué noción de sujeto trabajamos entonces, lo que implica un importante desafío para el psicoanálisis, es decir, cómo es la producción de subjetividad sexuada en el mundo contemporáneo.

Freud, exponente de la Modernidad, a partir del sujeto de la razón, introdujo un cambio revolucionario para su época: el concepto de sujeto escindido. Esto no es lo mismo que el sujeto fragmentado de la Postmodernidad, el sujeto virtual de la ciber-cultura, ni la disolución del sujeto de la exclusión social, aunque muchas veces coexistan. “Los procesos de fragmentación y vacío, el debilitamiento de los lazos sociales y la exacerbación de los narcisismos tienen potentes consecuencias en los procesos de subjetivación” (Lewkowicz I., 2004).

No se trata entonces de volver al sujeto unitario y totalizante de la Modernidad, pero tampoco al sujeto fragmentado de la Postmodernidad sino repensar el concepto de diferencia sexual y de géneros. Entonces: ¿“hay un sujeto autónomo de la diferencia sexual y esta sería secundaria a los procesos de subjetivación? ¿O por el contrario, la diferencia forma parte indisoluble de estos procesos?” (Glocer Fiorini L., 2015). Nuestra escucha y nuestra intervención no será igual si está dirigida al sujeto freudiano escindido, sujeto del inconsciente, que al sujeto de la fragmentación postmoderna, o al sujeto borrado de la experiencia representacional y social. La deconstrucción sobre lo ya fragmentado sería así un camino iatrogénico. Se hacen necesarias entonces  “nuevas aunque provisorias síntesis y ligazones para entrar en el campo de la escisión (Glocer de Fiorini L., 2015)”, y “aliarnos con el yo del paciente para acompañarlo en su proceso de rearmado o Psico-síntesis” (R. Avenburg, 1985)3, como uno de los grandes desafíos del psicoanálisis contemporáneo. La idea de “sujeto en proceso” (Kristeva, 1995) asociado a la movilidad y al cambio nos obliga a repreguntarnos acerca de nuestra práctica actual. No habría entonces “un acto” de subjetivación sexuada sino “espacios múltiples de subjetivación” (Deleuze y Guatari, 1994), distintos focos y áreas lo que lleva a pensar en un psicoanálisis pensado como sistema abierto, conjetural, subversivo e indisociable de la experiencia clínica.

Asistimos a un momento histórico donde en el mundo entero tenemos que lidiar con la incertidumbre, hecho que nuestra mente tolera poco. Para Carlos Guzzetti “lo que llamamos “experiencia” es un acontecimiento transformador de las vivencias: es hacerlas propias y no salir de ellas de la misma manera que como se entró. Hacer experiencia” es aprender de las vivencias (traumáticas o catastróficas) haciéndolas trabajar con los recursos subjetivos de cada uno, e incluso creando nuevos” (C. Guzzetti, 2020).

Esto conlleva preguntas que permiten abrir nuevos escenarios subjetivos, y sin certezas que cierren este camino a transitar. ¿Estaremos asistiendo a una época donde las nuevas formas de subjetividad tendrán que organizarse en torno a esta noción? Podemos pensar en la idea de un sujeto “en incertidumbre”? 

Sexualidad y Género.

Desde la perspectiva de “género”, estos lugares identitarios parecen haberse multiplicado ad infinitum: bisexuales, transexuales, travestis, intersexuales, incluso “asexuales”. Para este heterogéneo conjunto se ha propuesto un nuevo concepto, el de “transgénero”, que incluye entonces: transexuales masculinos y femeninos, travestis, cross-dressers, she-males, drag-artists, butch-dykes, etc, que transgreden las normas sociales y las expectativas de sexo y género (Diamond M., 1999). Tratándose de la identidad que cada uno asume, y esto vale también para la identidad sexual, podría haber potencialmente tantas categorías genéricas como sujetos pueblan el mundo. Pareciera haber entonces tantos géneros como gustos posibles. Pero en esta ilimitada oferta: ¿opera la lógica de la castración?4  ¿O se trata de una lógica distinta?

Entonces: ¿Cuál es la posición del Psicoanálisis frente a esta temática?. El problema del género es un problema del orden de la Identidad. Desde cierta lectura freudiana el problema radica en la diferencia, en el plano sexual, en la falta, y no en el plano de la identidad, de uno consigo mismo. 

En lo que hace a las luchas reivindicativas de distintos sectores por obtener el reconocimiento de sus derechos y libertades, como lucha por ser aceptados en aquello que cada uno asume como propio, como siendo sí mismo, no pueden sino encontrar aprobación desde el Psicoanálisis; nuestra disciplina sin duda ha contribuido a  crear condiciones y recursos conceptuales para que estas luchas tengan lugar. Además el Psicoanálisis no puede encarar ninguna problemática sin partir del reconocimiento de la singularidad subjetiva, aquello que cada uno asume como propio. 

En cuanto a las problemáticas de Identidades de género tal vez no sea un tema distinto al de la identidad en general. Partir del reconocimiento de la identidad asumida, cualquiera sea esta, no implica darle realidad y consistencia sino, al contrario, ponerla en cuestión vale decir, interrogarla. Porque para el Psicoanálisis la identidad “…es un recurso yoico frágil y endeble, siempre cambiante y oscilante. Lo mismo vale para la identidad de género, habrá que interrogarla, ponerla en cuestión como cualquier otra (Leivi M., 2014)”.5

La noción de identidad puede entrar en problemática con la de deseo y aquello que hace a la especificidad del abordaje psicoanalítico de la subjetividad es precisamente en el plano del deseo. El psicoanálisis aborda al sujeto humano en su condición de deseante, -y no de militante- podríamos agregar. Y su deseo está marcado por el atravesamiento de la estructura edípica y la salida de ella como sujeto sexuado, deseante de la diferencia sexual que motorice el deseo. Y desde cierta perspectiva teórica, este circula en base a la castración que marca una falta y que permite ir a buscarla en el otro. Esta lógica binaria (presencia-ausencia, fálico-castrado, masculino-femenino) es cuestionada por autores (Glocer Fiorini entre otros) que proponen otras lógicas, modelos tríadicos o de mayores niveles de complejidad para categorizar la diferencia, la subjetividad sexuada sin “simplificaciones dualistas” para ellos. Proponen reemplazar la noción de “función paterna” por la de “función tercera” para evitar las connotaciones patriarcales implícitas, ampliando a la vez el campo de las funciones maternas.

Remarquemos que mientras algunas perspectivas apuntan a la elección de objeto sexual y al campo del deseo, otras apuntan a la identidad sexual o de género. Esta distinción alude a que “el enunciado “soy hombre o soy mujer” es diferente a “deseo a un hombre o a una mujer”, u otras variantes relativas a las diversidades sexuales y de género, aunque ambos enunciados puedan coexistir en un mismo sujeto (Glocer Fiorini L.)”.

Entonces…las parejas homosexuales, el travestismo, las nuevas formas de familia, ¿cuestionan el concepto de diferencia sexual?. ¿Es la diferencia sexual una noción dependiente de cambios históricos o sociales o se trataría de un axioma ahistórico e inmutable de la teoría?. Se trata de categorías problemáticas porque sus fundamentos se proponen como inamovibles. En este marco, cobra especial relevancia la posición del analista, sus teorías –implícitas y explicitas-, su ideología, su sistema de creencias y sus prejuicios, así como la necesidad de un abordaje que amplíe el campo de la escucha. 

  1. En los tiempos del… 

De jóvenes, Florentino Ariza y Fermina Daza se enamoran apasionadamente, pero Fermina eventualmente decide casarse con un médico rico y de muy buena familia. Florentino está anonadado, pero es un romántico. Su carrera en los negocios florece, y aunque sostiene 622 pequeños romances, su corazón todavía pertenece a Fermina. Cuando al fin el esposo de ella muere, Florentino acude al funeral con toda intención. A los cincuenta años, nueve meses y cuatro días de haberle profesado amor a Fermina, lo hará una vez más (a pesar del cólera imperante, agregaría).                                                    

                                                                              Gabriel García Márquez

Comenzare a plantear el segundo de los ejes para poner en discusión: “Época y Psicoanálisis”. 

El libro de García Márquez ha sido descripto como una novela dedicada al “verdadero amor que perdura y supera las adversidades de toda una vida, un homenaje al amor, el tiempo, la vejez y la muerte”. Eso era el amor “en tiempos del cólera”. ¿Cómo lo pensamos en estos tiempos?. ¿Podría pensarse el amor como una invariable que atraviesa incólume tiempos y circunstancias diversas?. O dentro de su constancia estructural, este adquiere distintas características aleatorias según los tiempos y las circunstancias, es decir: ¿habría que hacer un esfuerzo por entender la expresión que tiene dependiendo del momento histórico de que se trate?. 

Cierta lectura psicoanalítica destaca la importancia para el Psicoanálisis de estar a la altura de la Subjetividad de la época: “Sin perder su especificidad” (Lacan, 1953.). ¿Cómo entendemos esta aclaración?. ¿Cuál es la especificidad de nuestra práctica en una época donde los pilares sobre los que estaban asentados muchos de nuestros conceptos, nuestra propia constitución subjetiva, el amor y la sexualidad entre otros, parecieran estar en cuestión?. Esto nos lleva nuevamente a interrogarnos acerca de si el edificio psicoanalítico se mantiene incólume, si hay un fondo conceptual inmodificable, eterno e inmune a los hechos –con el riesgo de acercarnos a un peligroso “fundamentalismo psicoanalítico”- o si hechos diferentes pueden producir conceptos diferentes.

  1. La sexualidad hoy. 

Los cambios sociales si bien incluyen a la sexualidad, también la exceden: dentro de estos cambios podemos incluir cuestiones ligados al cambio en el entramado social en el que estamos inmersos, cambios en las configuraciones familiares, temas ligados a la cuestión de género, lo femenino, y siguen los etcéteras.

Entiendo que la diversidad sexual está inscripta dentro de este marco de apertura. Y la excede porque estos temas se incluyen en un momento signado por la caída de ideales que se viene produciendo desde mitad del siglo pasado, de cuestionamiento de normas estrictas sobre las posiciones sexuadas y los géneros, de aparición y mayor visibilidad de nuevos modos de estructuración familiar y de un fuerte desarrollo de las biotecnologías, Internet y mundos virtuales. 

Sennett nos habla de los efectos psicológicos de la globalización como consecuencia de la “…desinvestidura del lazo social y la liberación del mundo pulsional a su satisfacción, sin el valor del compromiso y sin la responsabilidad de una ética de la alteridad. Plantea que esto va acompañado de una devaluación de los ideales con la caída de su potencial para la organización fantasmática y la capacidad de metaforización de cada sujeto…” (Sennett, R., 1998).

Una cultura está siempre expuesta a cambios, sería imposible concebirla de otra manera. Estos cambios giran sobre todo en relación a los ideales culturales y sociales y cómo y cuánto una sociedad está preparada para absorberlos, lo cual implica un proceso que lleva su tiempo de necesaria espera en su dimensión elaborativa. 

Una posible dificultad es la manera como la sociedad frente a la novedad de estos cambios, necesita legislarlos para volver a incluirlos en un esquema conocido y sellado. Aquí surgen los conceptos ligados al tema de la heteronormatividad para pensar algunos de estos temas -el matrimonio igualitario entre otros-. Pero…¿existe una tal heteronormatividad?. ¿O siempre y de manera inevitable estamos normatizados desde afuera (o marcados por “veredictos sexuales” concepto de Didier Eribon) en tanto sujetos de cultura?.6

Para esto quisiera abrir la discusión a una temática específica: me refiero a “las homosexualidades y la posición del analista”.  

Partiendo de la idea de los cambios habidos en la construcción de discursos sobre la homosexualidad, debemos tener en cuenta que estos conviven con otros discursos que sostienen una posición estricta sobre la homosexualidad como perversión. Esto nos obliga a preguntarnos acerca de cuáles son los discursos vigentes en la cultura, en la teoría y en la clínica incluyendo al psicoanálisis y a la persona que consulta.7 Sabemos que en estos cambios no están ausentes motivos de poder ligados al orden socio-político y religioso, que pueden ejercer presión sobre los cambios de discurso sobre este y tantos otros temas también. ¿Debe el psicoanálisis aceptar acríticamente los cambios que se producen en los discursos y en el orden social y adaptarse a ellos?

Desde mediados del siglo XIX, la sociedad industrial imprime nuevas características a la familia. Junto a esto hay una redefinición de la masculinidad tradicional. Las sucesivas crisis económicas pusieron en jaque también los valores e ideales que tan firmemente parecía haberse instalado en la sociedad. Empezaron a aparecer hombres que agobiados por tener que sostener un papel de hombre “macho y proveedor”, comenzaron a transitar por situaciones de stress, depresiones importantes e incluso intentos de suicidio. Otros en los que la ansiedad frente a lo amenazador que resulta el encuentro con la mujer vivida como fálica y omnipotente, atravesaron periodos de una “huida hacia  la homosexualidad” como modo de paliar estas angustias, y donde la problemática no parece asociarse de ningún modo con la “identidad” sexual.

Clásicamente se tendió a analizar a la homosexualidad en su dimensión defensiva. Pero… ¿habría que considerar la presencia de heterosexualidades defensivas también? ¿Existe una homosexualidad o varias?. ¿Se puede hablar de “un” mecanismo psíquico o hay distintas determinaciones que pueden conducir a una elección de objeto del mismo sexo?.

La escucha del psicoanalista no es ajena a sus teorías explicitas e implícitas, a sus ideologías, preconceptos y prejuicios, que en el caso de la homosexualidad se hace evidente. Ya en la obra freudiana encontramos distintas posiciones al respecto, y mucho más en los autores posteriores. Lo que sí es evidente es que no hay una explicación totalizante y, además, que “decir homosexualidad puede querer decir muy poco si no hay referencia a los deseos, fantasmas e identificaciones en juego” (Glocer  Fiorini, L., 2015). Esto destaca además la complejidad – o la ausencia- que una teoría de la masculinidad, a diferencia del estudio de la feminidad, ha tenido en Psicoanálisis. 

Para ir terminando: Siempre estamos necesitando reevaluar como posicionarnos frente a posibles nuevas de presentaciones sociales que contienen, pero también exceden a la sexualidad y las prácticas sexuales. Estas cuestiones van más allá de moralismos reduccionistas, pero evitando también posiciones acríticas al respecto. Entonces nuestro compromiso pasará por trabajar con nuestros propios estados mentales sabiendo que un nivel de prejuicio estará siempre presente, conociéndolo, y tratando que opere lo menos posible como obstáculo en nuestra escucha. Sabemos que es un estado mental a lograr, y que requiere de un trabajo importante ligado a nuestras propias emociones y distorsiones, que estamos siempre expuestos a perderlo. 

Algo de lo “políticamente correcto” se ha filtrado en nuestros discursos con el riesgo de convertirse en “seudo” discursos, para aggiornarnos de manera un poco hipócrita tal vez, a aquello que creemos la sociedad espera hoy de nosotros. ¿Existe un cambio en el Psicoanálisis al respecto?. ¿O se ha caído en el doble discurso, una fachada progresista y políticamente correcta y un intercambio de pasillos donde aparecen los verdaderos prejuicios?

¿Cuál es la especificidad de la posición del analista en un momento donde lo políticamente correcto es ser amplio y no prejuicioso?. Porque paradójicamente podemos caer en el riesgo prejuicioso de pretender no ser prejuiciosos aunque parezca tautológico, cambio que pasaría entonces sólo por una cuestión de contenidos. Una posición homofóbica es hoy políticamente incorrecta, pero entonces lo que debemos tener en cuenta, suponiendo que esta fuera genuina, es que no se trataría ya, de que es correcto y que no lo es, sino que el problema es que todavía sigue valiendo la noción de algo correcto y algo incorrecto, como categorías en sí mismas problemáticas y siempre ligadas a nuestros propios ideales y prejuicios.

Siempre estamos expuestos al riesgo es pretender “psico”-normativizar aspirando a un ideal de paciente analizado. Y si lo que predomina, aunque inconscientemente es el deseo de “enderezar” a un paciente a partir de nuestros propios deseos e ideales, esto no nos permitirá una libre escucha.

Los analistas tenemos siempre el compromiso de mantener una escucha abierta dentro de los cambios sociales que se nos presentan –y se han presentado- hoy y siempre. Sabemos que esto resulta limitado, frágil, y que es imposible una escucha “libre y a-teórica”. Sin embargo debemos ser conscientes de esta dificultad e intentar al menos no perder la sorpresa de escuchar sin comprender, de acompañar sin prejuzgar, sabiendo que cada caso responderá a una especificidad singular, única e irrepetible. Escuchar sin memoria, sin deseo y lo más libremente de prejuicios como nos sea posible. He aquí nuestra especificidad y compromiso ético.        


1  Pequeña anécdota: en el acto de entrega de diplomas de un Colegio Secundario clásico de la ciudad de Buenos Aires se hizo mención y subió al estrado a hablar la primera alumna “trans” egresada de este colegio. En sus palabras agradeció profundamente el no haberse sentido discriminada y haber sido acompañada y apoyada en el tránsito de cambio de sexo. Yo sabía del tema de oídas por mi hija y sus compañeras, pero no lo conocía en profundidad. Para ellas no había sido un tema conflictivo ni mucho menos. Era un/a compañero/a más.
2 Para este autor lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. “Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa. (Zygmunt Bauman: “Las redes sociales son una trampa”. Diario El País, enero 2016).
3  Aprovecho para rendir homenaje al querido Maestro Ricardo Avenburg, quien lamentablemente nos acaba de abandonar.
4  El papa Francisco se posicionó en contra de las cirugías de reasignación sexual y tratamientos hormonales a los que recurren las personas “trans” para afirmar su identidad de género. El religioso calificó como “peligrosos” los métodos técnicos destinados efectuar la transición de género, pues aseguró que atentan contra las bases de la diferencia sexual. El posicionamiento del máximo jerarca de la Iglesia Católica contrasta con las que pronunció en 2015 cuando se reunió con Diego Neria, un hombre transexual que fue expulsado por su parroquia en un poblado de España. Bergoglio se opuso a la forma en la que fue tratado el hombre, pues indicó que todas las personas son bienvenidas en la casa de Dios. Asimismo, en 2016, el jefe de Estado del Vaticano dijo que la Iglesia católica debería disculparse con los homosexuales debido a los malos tratos que la institución religiosa había propinado en su contra lo largo de la historia”.
5 “De la conjunción del deseo con su objeto en tanto que inadecuado, debe surgir aquella significación que se llama amor” (Leivi M.).
6 A partir de estos conceptos Walter Romero dice: “El mundo social debería analizarse como un “conjunto de veredictos que se imponen a los individuos o se apropian de ellos en algún momento de sus vidas” y que son “dictados” por las “estructuras sociales, raciales, sexuales, de género, etc. heredadas de la historia”. Esos “veredictos” -que crean “efectos de destino” y que determinan “formas de vivir” y “formas de percibir”- están más que presentes en las teorías sobre la diferencia sexual que la literatura “presenta”. Hay que leerlo todo de nuevo. (Romero W., 2018)
7 Las producciones de ficción contemporáneas dan cuenta de una batalla cultural ganada: las identidades y prácticas por fuera del mundo heteronormativo ya no generan vergüenza, burla o castigo. Por convicción o interés comercial, el mundo del streaming expandió una mirada inclusiva con la que el cine de Hollywood sigue en deuda. Porque acompañan el camino hacia la igualdad que transitan buena parte de las sociedades del mundo, por corrección política, para facturar más o por todo eso junto: las series contemporáneas incluyen como nunca la diversidad sexual. El éxito masivo de Los Simpson y de Los Soprano dieron cuenta del fracaso de la familia tradicional y de la necesidad de ampliar los modelos hegemónicos. Hicieron evidente que los televidentes se identifican más con familias complejas y disfuncionales que con los Ingalls o los Cosby (Melo A., 2020).

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-Walsh M. E. (1968): “Serenata para la tierra de uno”. Álbum Juguemos en el Mundo


Resumen

EL AMOR EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS. “Posición del analista frente al amor y a los cambios sociales ligados a la sexualidad”. 

Resumen: El autor propone pensar estos temas que nos interpelan a reflexionar sobre entrecruzamientos posibles entre el Psicoanálisis y otros campos teóricos. Nos obligan a pensar acerca tanto sobre fenómenos clínicos, como culturales y sociales, para después revisarlos desde nuestro propio aparato teórico, reevaluando además, si contamos con las herramientas conceptuales para su comprensión y abordaje. Se pregunta de qué amor hablamos los psicoanalistas, cómo influyen en nuestra práctica los cambios epocales, y si el Psicoanálisis debe estar siempre a la altura de la subjetividad de su época, entendiendo que siempre estamos necesitando reevaluar como posicionarnos frente a nuevas formas de presentaciones sociales que contienen, pero también exceden a la sexualidad. 

Descriptores: Identidad sexual, Amor, Subjetividad, Género, Época cultural, Cambios sociales. 

LOVE IN TIMES OF CORONAVIRUS. “The place of the analyst regarding love and sexuality-related social changes.”

Summary: The author proposes to think about these issues that challenge us to debate possible crossovers between psychoanalysis and other theoretical fields. They oblige us to reflect upon not only clinical but also cultural and social phenomena, in order to afterwards revise them from our own theoretical apparatus, furthermore reassessing whether we count on the conceptual tools for its understanding and approach. The author asks themselves which love it is we psychoanalysts talk about, how epochal changes affect our practice, and whether psychoanalysis must always live up to the subjectivity of its time, taking into account that we always need to reassess how to place ourselves amid new forms of social presentations that contain but also exceed sexuality.

Key words: Sexualit Identity. Love, Subjectivity, Gender, Cultural time, Social changes.

L’AMOUR EN HEURE DU CORONAVIRUS. “Position de l’analyste face à l’amour et aux changements sociaux liés à la sexualité”.

Résumé: L’auteur propose de penser à ces problématiques qui nous poussent à réfléchir aux intersections possibles entre la psychanalyse et d’autres champs théoriques. Ils nous obligent à mediter à la fois aux phénomènes cliniques, culturels et sociaux, à les revoir plus tard à partir de notre propre appareil théorique, en réévaluant également si nous disposons des outils conceptuels pour leur compréhension et leur approche. Il se demande de quel amour nous les psychanalystes comment les changements d’époque influencent notre pratique, et si la psychanalyse doit toujours être à la hauteur de la subjectivité de son temps, sachant que nous avons toujours besoin de réévaluer comment nous positionner face aux nouvelles formes de présentations sociales ils contiennent, mais cela dépasse aussi la sexualité.

Mots clés: Identité sexuelle, Amour, Subjetivité, Genre, Stade culturel, Changements sociaux, 

Marcos A. Koremblit (CV)

-Médico Psiquiatra (UBA)

-Egresado de la Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados

-Miembro Titular con función didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires

-Especialista en Niñez y Adolescencia de IPA

-Ex Miembro de la Comision de Seminarios de APdeBA.

-Ex Miembro de la CADyS de APdeBA.

-Ex Director del Depto. de Niñez y Adolescencia de APdeBA

-Ex Secretario de Cultura y Comunidad de APdeBA