Más allá de la psicopatología.
Presencias de Eros en la clínica.
Alfredo Tagle
Nuestro trabajo del último año puso foco en los obstáculos en el camino de la cura analítica: la pulsión de muerte como resistencia mayor bajo el modo de la repetición, del exceso pulsional, del desinvestimiento o la desligadura.
Para hacer contrapunto con esta perspectiva este año nos proponemos ocuparnos de aquello que contribuye al progreso de la cura, por así decir las “anti-resistencias”. Son los recursos con los que cuenta cada sujeto, simbólicos, afectivos y sociales. Mas que de un tema en particular se trataría, como decíamos, de un cambio de perspectiva. El psicoanálisis se desarrolló fundamentalmente, aunque no en forma exclusiva, a partir de los desafíos planteados por la patología. Simultáneamente el estudio minucioso de los factores ambientales y vinculares inherentes al proceso de constitución de un psiquismo saludable, nos van llevando a incluir en nuestras consideraciones tanto teóricas como clínicas, los factores que hacen a la relación personal entre paciente y analista, donde cobran relevancia, tal como ocurre en el vínculo de crianza original, la participación del amor, el odio, la agresión o la creatividad, como ineludibles manifestaciones de lo libidinal en el campo transferencial.
Tal vez sea preciso incursionar en otros modos de pensar el lazo social más allá del canon freudiano de la psicología de las masas, y en otros discursos vinculados a los procesos creativos, para los que la creatividad no es solamente un patrimonio de algunos elegidos, sino una cualidad constitutiva de toda existencia con sentidos personales.
Las consideraciones sobre la implicancia emocional y subjetiva del analista con su paciente nos lleva inevitablemente a revisitar la función ética y los valores que subyacen al sostén de los lazos con los otros.
Una apertura en este sentido puede hacernos repensar la clínica cotidiana y cuánto favorecemos o entorpecemos el despliegue de los recursos de nuestros pacientes y también de los nuestros.
