Al modo de un collage, la presentación reúne fragmentos de ensueños, fantasías y prácticas que la cultura proporciona para hacer frente al desamparo y el dolor propios de la condición humana. Propone imágenes para abrir una conversación.
Este escrito fue presentado en el Espacio de Investigación en Arte y Psicoanálisis del que soy integrante con la propuesta de seguir interviniéndolo con las resonancias y asociaciones de los colegas oyentes. Como consecuencia de ese ejercicio aquel Collage sin título se transformó en Sobre desamparos y disposiciones lúdicas.
Lo que no ha cambiado hoy al compartirlo con los colegas del Colegio de Psicoanalistas es la propuesta de seguir interviniéndolo con nuevas asociaciones y resonancias.
Su escritura no fue convencional ya que se sostuvo en la técnica del collage, un trabajo de composición que procede juntando, superponiendo y pegando en una sola superficie fragmentos de materiales que provienen de distintos orígenes.
Así este texto puede acercarse al de los relatos de los sueños. Relatos que unen fragmentos de imágenes en una aparente unidad que sin embargo presenta alteraciones y resquicios para la extrañeza.
Descubrí luego que en la pintura, el collage, muestra también la cuestión de la unidad alterada. Aunque esas imágenes se unifiquen a través de un título o de la visibilización de un tema mantienen a la vista elementos que no encajan, fragmentaciones o discontinuidades que dejan resquicios para la extrañeza. Al parecer fue Pablo Picasso quien inauguró la técnica con la obra Naturaleza muerta con silla de rejilla, pero otras fuentes se lo atribuyen a Georges Braque en Tête de femme. Lo cierto es que esta modalidad en las artes tuvo fecundas derivas, nuestro Antonio Berni es un ejemplo de ello. También podemos ubicar su incidencia o continuidad en algunas obras del arte pop donde conviven y se mezclan diferentes fragmentos expresivos de la cultura con la estética de la vida cotidiana y los objetos mundanos. Un arte más popular que elitista que reúne los íconos elevados de la cultura con lo popular en una misma escala valorativa.
Se cuenta también que el collage fue una técnica precursora del movimiento artístico ready made u objeto encontrado. Allí la intervención del artista consiste en la extracción de un objeto de sus escenarios cotidianos para ubicarlo en la galería de arte o en un espacio público. Un ejemplo de esto es la Fuente de Marcel Duchamp. Así, ese objeto cotidiano, invisibilizado por automatismos y hábitos, es extraído de su contexto y se hace visible de un modo renovado.
Con estas reseñas ubiqué que la escritura de este texto estaba atravesada por dichas formas expresivas.
Voy a compartir ahora algunas imágenes que ilustran algunas presentaciones de las artes plásticas donde se visibilizan las fragmentaciones, las discontinuidades, la extrañeza y la mezcla.
En este escrito lograron estar juntas imágenes poéticas originadas en la persistencia de mi interés flâneur o por qué no decir, de atención libremente flotante pero sostenida con cierta constancia sobre disposiciones creenciales, lúdicas y poéticas, que producen experiencias de transformación, júbilo, serenidad o consuelo y que alivian el dolor de existir. Como sucede con los procesos elaborativos que se desarrollan a espaldas del yo, pude advertir después que el proceso de recolección de esas imágenes y sus resonancias asociativas fue progresando durante los tiempos más álgidos y dolorosos de la pandemia y que la escritura- reunión de los fragmentos- sobrevino más tarde en una verdadera disposición lúdica sin ninguna pretensión conceptual. El juego dispuso en una sola superficie de escritura los estímulos y resonancias que suscitaron esas imágenes en lo que respecta a nuestra humanidad. Sirviéndome de Gastón Bachelard puedo decir que el juego reunió documentos de la fantasía y los ensueños que gustan de jugar con las palabras y con impresiones efímeras sin la pretensión de desembocar en un diagrama que resuma conocimientos sino tan solo en la de multiplicar imágenes.
El impulso moviente de la vida
Del ensayo Tener un alma de Etienne Souriau recorté dos párrafos que dicen así
…la palabra alma suena de una manera bastante rara para los oídos filosóficos modernos, al escucharla, más que la irrupción de la metafísica, uno cree que asiste a la irrupción del lenguaje de los literatos y de los poetas. Incluso los filósofos de filosofía general la evitan, pues prefieren a sus sucedáneas más sutiles. En cuanto a los psicólogos, se sabe que decidieron resueltamente y hace ya largo tiempo, no utilizarla.
…De modo que la palabra está disponible. A su desgracia, a su estadía por fuera del lenguaje de técnicos y especialistas, le debe sus atractivos y encantos. Algunas nociones se benefician de que las hayan puesto un poco en penitencia.
Escribo:
La palabra “alma” está disponible, es ubicua, con ella se nombran muchas cosas, está vaciada de marco conceptual para técnicos y especialistas, a veces parece perimida, obsoleta y preñada de religiosidad, pero en la lengua cotidiana siempre alude a un valor máximo. El dolor se nombra como pesar en el alma, la crueldad como desalmada, la ternura como saliendo del alma, la tristeza y la soledad con la expresión de “tener el alma en pena” el desamor atraviesa el alma y así podríamos seguir enumerando.
El alma alude al principio sensible e intelectual de la vida. Lo importante se siente en el alma. Sin embargo el alma es casi imposible de cercar. Es aire en movimiento, el impulso moviente de la vida. Sin vida no hay alma. Ella desaparece en una última exhalación cuando llega la muerte y permanece como potencia mientras dura la vida.
Junto a los párrafos de Souriau reuní un fragmento de Freud en el Moisés y la religión monoteísta.
Si es lícito confiar en el testimonio del lenguaje, fue el aire en movimiento lo que proporcionó al humano el modelo de la espiritualidad. El espíritu toma prestado su nombre del soplo del viento. Así descubrió el humano que el alma es el principio espiritual del individuo… y la ubicó en la respiración. Respiración que la muerte hace cesar.
Escribo:
La poética del alma, la elevación del alma, es deudora de este reconocimiento: todos los humanos -les humanes- tenemos alma. Al advertirlo, tomamos conciencia de la vulnerabilidad y del horizonte de finitud. Conciencia que se pierde en la vertiginosidad de los automatismos cotidianos.
La dicha no es una cosa alegre
La dicha no es una cosa alegre es el título de una canción del Indio Solari, seguramente entonada varias veces en alguna de las misas Ricoteras.
Vaya si sabemos los psicoanalistas que el músico tiene razón. La teoría lo enseña, la clínica cotidiana y la vida misma nos lo muestra. El Indio canta:
Incombustible no sos
cómo bancas ese infierno
soñás la hoguera
donde siempre sos la leña
mientras la vida se va
mientras la vida pasa… Casi una definición del goce neurótico.
¡Qué mundo hostil, sufrir fue permitido!, entona Andrés Calamaro y yo imagino a sus seguidores entusiastas replicando: ¡Qué mundo hostil, sufrir fue permitido!
Ya estoy curado, anestesiado
Ya me he olvidado de ti
Hoy te he borrado de mi paciencia
Hoy fui capaz
Ya no te espero
Ya no te llamo
Ya no me engaño
Hoy me he burlado de la tristeza
Ya estoy en paz, canta Manu Chao acerca del fin del amor correspondido y yo vuelvo a imaginar a sus seguidores replicando las frases como mantra y moviendo sus cuerpos al vaivén de la música que envuelve el ambiente.
De plegarias y canciones
Las canciones y las plegarias convocaron mi atención y entre lecturas dispersas, Wikipedia vino en mi ayuda. La práctica de la plegaria atraviesa la historia de la cultura. Con ellas los humanos pretenden convocar a la divinidad para que cese el sufrimiento o para pedir buena fortuna. Alabanzas, elogios, gratitud, ceremonias rituales y bailes, generalmente están acompañadas de precisas posturas corporales. Se juntan las palmas de las manos, o ellas se despliegan de cara al cielo. Se abren los brazos en cruz, se mueve el cuerpo en forma de vaivén. Incluso la meditación budista, puede ser considerada una forma de oración.
Las plegarias se estructuran de tal modo que se conservan y transmiten de generación en generación en cada tradición religiosa. La neurociencia también vino a aportarme su saber. Sostiene que cuando la mente hace foco en la plegaria y los rituales repetitivos que se comparten en comunidad se aplaca el bombardeo de estímulos que invaden la conciencia y se segregan neurotransmisores que producen un efecto moderador de la ansiedad.
Los científicos no creen que el rezo pueda afectar los fenómenos –escribe Einstein en un intercambio epistolar-, pero cualquiera que esté sumamente involucrado con la ciencia termina convencido de que en última instancia algún tipo de espíritu se manifiesta en las leyes del universo. Uno que es superior al hombre. De esta manera la búsqueda científica lleva a un sentimiento religioso de un tipo particular que sin duda es muy diferente a la religiosidad de alguien más ingenuo.
Voy a compartir algunas imágenes donde las artes plásticas plasmaron a los humanos en súplica.
Pienso: hay que decir también que en los rituales profanos de celebración -homenajes, brindis y salutaciones en festividades anuales- hay transmisión generacional de peticiones, elogios y gratitudes.
En este paseo flâneur encuentro las líneas de alguien cuyo nombre no recuerdo, que dice que aun cuando las plegarias y ciertos rituales estén por fuera de la creencia religiosa, aunque no se pronuncie ninguna palabra y sea casi suprimido cualquier gesto, constituyen todavía un movimiento, una actitud del alma. Y pienso a esa actitud como una disposición creencial, quizás lúdica, quizás poética. Disposición que brinda a los humanos la ilusión de amparo, comunidad y continuidad.
Unetané Tokef, es una plegaria que se reza en Rosh Hashaná y en Iom Kipur, celebraciones del pueblo judío que sostienen que en esas fechas se inscribe y luego se sella el destino de cada uno. La plegaria pretende la nulidad de un mal decreto.
El músico y poeta, Leonard Cohen, a cuya obra me dediqué en otra oportunidad y a quien me voy a referir más adelante, versionó esta oración en una canción que se llama: Who by fire? Dice así:
Cuántos se irán y cuántos nacerán, quién vivirá y quién morirá, quién morirá en su tiempo y quién antes de su tiempo, quién mediante el agua y quién mediante el fuego, quién mediante la espada y quién mediante fieras salvajes, quién a causa del hambre y quién a causa de la sed, quién por un terremoto y quién por una plaga, quién por estrangulación y quién por apedreamiento, quién descansará y quién vagabundeará, quién vivirá en calma y quién será acosado, quién disfrutará de la tranquilidad y quién sufrirá, quién se empobrecerá y quién se enriquecerá, quién caerá y quién se elevará. ¡Pero la plegaria anula el mal decreto!
Escribo
¡Claro! Verdad de Perogrullo, es que frente a la necesidad de protección se sigue siendo niño. Afirma Freud que esa necesidad mueve a la fe en Dios, elevación divina de la imagen mnémica del adulto sobreestimado de la niñez. La necesidad de creer se articula con el desamparo y la incertidumbre. Como dice el poeta: en el día del padre, estamos todos heridos. Ese Otro sobrestimado en la niñez, está tan desamparado y es tan vulnerable como nosotros.
Pero pese al racionalismo crítico y de cara a lo que maravilla y es ocasión de dicha podremos escuchar voces humanas que se lo agradecen a Dios restituyéndolo como su fuente -dicho sea de paso, esto fue escrito antes del Mundial de Fútbol-. Mi observación se ratifica después de asistir virtualmente a la filmación de un concierto de David Gilmour y su banda. La música que sonaba allí es la composición musical Brilla tú diamante loco de Pink Floyd. Gracias a esa filmación pude ingresar limitadamente a la experiencia, pero fue un modo de estar ahí, en un templo de música. Algunos comentarios al pie del video de YouTube merecen ser reseñados aquí:
Amado Nervo decía que solo hay tres voces dignas de romper el silencio: la de la música, la de la poesía y la del amor. Esta sin dudas es una de ellas.
En algún momento Dios quiso escuchar música y creó a Pink Floyd.
Gracias Dios por darme oídos para escuchar a Pink Floyd.
Esto es alucinante. Te hace viajar por el universo.
Escribo:
Por eso mismo, a sabiendas de que Dios es una creación de ese anhelo inconsciente, hasta el más racional de los humanos alguna vez elevará una plegaria -sagrada o profana ella- y más de lo que se pudiera advertir, innumerables veces destinará su palabra a alguna fuerza superior agradeciendo la dicha o expresando el desconcierto de la existencia y proferirá augurios de buena fortuna para conjurar los malos presagios y torcer las amenazas de una naturaleza, que, en sentido amplio y en palabras freudianas, se alza grandiosa, cruel y despiadada.
Aguas del río viejo, llévate pronto este canto lejos, que está aclarando y vamos pescando para vivir. Cristo de las redes no nos abandones y en los espineles déjanos tus dones. No pienses que nos perdiste, es que la pobreza nos pone tristes, la sangre tensa y uno no piensa más que en morir.
Así se despliega la plegaria en la Oración del remanso, una canción de Jorge Fandermole, la plegaria entremezclada en una poética en la que el cielo remonta vuelo en el río, en la que las aguas danzan en el corazón del pescador que embargado por la tristeza y la pobreza sueña que alza la proa y sube a la luna en su canoa.
Entonces, de cara a las amenazas de la naturaleza, de nuestra natura-cultura, de la naturaleza pulsional de cada uno, ahí estamos los humanos creando ilusiones de protección que abren un horizonte de fe de la mano de una poética, donde los cielos pueden ser protectores y los amores eternos. ¿Qué haríamos sin una zona de promesa?
No está mal temer que el río sangre y calme al contarle mis plegarias poetiza Gustavo Cerati en la canción Zonas de promesas.
Según el testimonio que dejaron varias entrevistas a Leonard Cohen, su vida fue una permanente lucha para derrotar al ánimo depresivo, su “alma en pena”. Así apeló a los excesos en búsqueda de alivio. Drogas, alcohol y sexo compulsivo. Cuenta que rescató su ánimo con ciertas prácticas para reenfocar la energía psíquica y tempranamente encontró en la escritura una forma de enfrentar los dolores de la vida. Su padre falleció cuando tenía nueve años. Así, precozmente se confrontó a la realidad de la muerte y nada menos que a la de su propio padre y es la nostalgia por el padre y la invocación al padre lo que parece marcar parte de su obra. Él relata que, cuando falleció su padre, no sabía lo que sentía. Que ese acontecimiento pertenecía al orden de lo que no podía ser disputado, juzgado ni rechazado. Sólo pudo escribir. Le escribió una oración para que lo ayudara a llegar a donde fuera que estuviera viajando. Guardó esa carta dentro de una corbata del padre y la enterró en el jardín de su casa. De allí en más, pensó que escribía para enfrentar la vida. Ya en su juventud temprana se cruza con la poesía de Federico García Lorca de quién, va a decir, le llegaron algunas instrucciones: uno no debe lamentarse despreocupadamente. Si tiene que expresar la gran e inevitable derrota que le espera, debe hacerlo en los estrictos límites de la dignidad y la belleza.
Se ha definido su poética como un sabio deambular cansino por las zonas más dolorosas de la psiquis.
Agrego algunas de sus reflexiones sobre las canciones y las plegarias:
Una canción expone una experiencia que mueve a la empatía de aquellos receptores que atraviesan experiencias similares. Ahuyenta la soledad existencial donde el deseo se detiene y, al encontrar comunión con otro, producen la elevación del ánimo en una energía diferente. Tiene la misma fuerza que una plegaria que brota de la desesperación. Es como una conversación con el absoluto donde se expresa la rabia, la duda y se pide ayuda. El yo individual se disuelve en la plegaria.
Todo lo que rompa la penumbra es valioso porque da lugar a renacer de nuevo.
La idea de que somos seres divinos ha sido descartada por la sociedad. Esa divinidad es la capacidad para reconciliar los pesares del alma, nuestro territorio común, con el amanecer de cada día.
Claro que no estamos en el paraíso. La cultura se rehúsa a afirmar la muerte. La plegaria es una manera de dialogar con el absoluto y encontrar en ese silencio la paz interior.
¿Podremos darle la razón? ¿Serán algunas canciones plegarias con las que ahuyentamos la soledad existencial en comunión empática?
Hay una peculiar historia de la canción Lili Marlene. Cuenta la leyenda que el originario poema titulado La canción de un joven soldado de guardia fue escrito por un joven soldado alemán, Hans Leip, en la Primera Guerra Mundial. Allí, en la trinchera, escribe el poema donde expresa tanto su nostalgia por Lili, su amor, como una pregunta lanzada a lo incierto. Si le llega la muerte, quién la besará bajo el farol donde ellos se besaban.
Cuando los poemas de Leip se publican, este poema en particular llama la atención del compositor alemán Norbert Shultze, quien lo musicaliza bajo el nombre La chica bajo la farola y así se transforma en canción. En los círculos alemanes se la escucha en la voz de Lale Andersen y luego la hace famosa la voz de Marlene Dietrich.
Ya en la Segunda Guerra Mundial esta canción es transmitida por la radio que llegaba a los cuarteles alemanes cada noche alrededor de las 21.57hs, antes del cierre de la transmisión. A su escucha se reunían los soldados alemanes. Lo cierto es que esa señal también llegaba a los cuarteles de los aliados donde los soldados también se reunían a escucharla cada noche. Cuando Goebbels se entera de esto, prohíbe su difusión, pero los soldados alemanes protestan tanto por esta medida, que no queda otra opción que levantarla. De este modo la canción sigue viajando por todos los cuarteles y luego se traduce a múltiples lenguas transformándose en una suerte de himno de los soldados en los frentes de batalla. El poema hecho canción atravesó fronteras por un mismo sentimiento que unía a todo soldado: la experiencia de la muerte acechando en el umbral y la añoranza del hogar. Casi una plegaria.
Escribo:
Comunidad empática, disolución del yo individual, experiencias que transforman los pesares del alma en una energía diferente. Pienso en Psicología de las masas y análisis del yo, pero aquí no puedo precisar si se trataba de fenómenos de masa. El punto de comunidad era la soledad existencial, que dejaba de ser la soledad egoísta, la soledad individual, para ser la que atravesaba a todos.
Del sentimiento oceánico
Agrego al collage imágenes poéticas que atañen al sentimiento oceánico, esa disolución individual en el arrobamiento, en la primacía de la intensidad sensorial, en la vivencia de ser ola en un océano continente.
Los ojos se me perdieron, en aquella inmensidad. Y me olvidé de mí mismo. Tanto mirar y mirar.
Así poetizó Atahualpa Yupanqui la vivencia de pérdida placentera de lo individual en una inmensidad oceánica.
Romain Rolland, que tenía una apasionada afición a la música, le decía a Freud que el sentimiento oceánico de unidad y co-pertenencia al todo era la razón última de toda religiosidad. Freud pensaba que las vivencias de indisoluble comunión eran fenómenos del enamoramiento o de regresión a momentos constitutivos del psiquismo, no sin decir, sin embargo, que encontrarse encantado, absorbido en la belleza y la intensidad sensorial, produce un efecto embriagador que resarce de los sufrimientos de la vida.
En las discusiones psicoanalíticas de esa época entre Freud, Ferenczi y Federn se coincidía en la idea de que tal sentimiento era motorizado por un anhelo de retorno a un tiempo anterior. Al padre de la infancia para Freud, al vientre materno para Ferenczi y Federn.
Disposiciones lúdicas
Aproximo al sentimiento oceánico un recorte de Dionisio. Eros creador y mística pagana de Hugo Mujica. Dice Mujica que Dionisio, ícono de la mitología griega, era el Dios de la fertilidad y el vino. De la danza y la música. Inspirador del éxtasis, liberador de las musas y la plenitud sensorial. Representante tanto el ímpetu vital como del arrebato que nos extrae de la normalidad.
Después de presentarlo de este modo, el autor poetiza:
No, no habrá salvación si no nos dejamos arrobar por el asombro de ver surgir desde lo que no es lo que llega a ser, si desterramos de nuestro hacer el crear. El paraíso no fue perdido. Lo perdido es el asombro. Dionisio nombra la celebración de la libertad y el duelo por el desamparo.
Se enciende el día sobre la desnudez de los llanos
La neblina disuelve su velo y los sauces emergen renacidos.
Todo se abre y el verlo, abre el alma. El alma que es, ese abrirse.
La danza, la dionisíaca, es la del cosmos, la del giro de los astros y el roce de la brisa.
El pulular de lo verde, la lluvia que cae
El león que mata y el hombre que aunque muera se procrea.
La furia, la flor y la espera
La piedra y el agua dibujando sus meandros.
En realidad hablando dionisiacamente,
No es la miel ni el vino lo que embriagan
Ellos solo desinhiben
Borran los lindes de nuestra percepción, socavan las mediaciones, desnudan nuestros sentidos
Les devuelven su niñez
Su carne viva…
Dionisio es el encuentro embriagador con la creatividad……
Algunos autores que investigan la creatividad señalan que la vivencia oceánica está asociada a momentos de omnipotencia creativa. No se trataría del anhelo de un retorno a un tiempo anterior sino de una disposición lúdica con la imaginación que abre procesos de construcción en la obra de arte.
Mihaly Csikszenmihalyi (cizenmihaly) un investigador graduado y doctorado en psicología en la Universidad de Chicago, conquistó mi atención con su Fluir. Una psicología de la felicidad. Desde una perspectiva más científica que poética y más neurocientífica que psicoanalítica, conceptualiza sobre las experiencias óptimas. Un modo de cultivar lo que aquí llamamos el reconocimiento de tener un alma, apropiarse del júbilo creativo y olvidar momentáneamente, en ese acto, las tiranías a las que estamos sometidos intra e intersubjetivamente.
Su investigación busca la comprensión del flujo creativo y las experiencias de disfrute que hacen que la vida en sí valga la pena de ser vivida. Inició su investigación estudiando la experiencia de diferentes artistas mientras estaban enfocados en su trabajo y de otras personas que dedicaban su atención psíquica a actividades que si bien no eran artísticas y con las cuales no pretendían obtener ni éxito social ni dinero, es decir con las cuales no se buscaba ninguna cosa fuera del placer proveniente de la actividad en sí misma y que lograban obtener altas experiencias de disfrute en el proceso mismo de ese hacer. Ajedrecistas, escaladores, surfistas, bailarines, escritores, músicos, cocineros que disfrutaban de la completa absorción mental e implicancia en lo que hacían. Absorción de la atención psíquica en un hacer donde el deseo se implica solo por desear lo que se hace. Allí, dice Csikszenmihalyi (cizenmihaly), se suspende el caos de la conciencia y se transforma la percepción, se suspende el tiempo-reloj de la cotidianeidad. Conceptualizó a estas experiencias autotélicas, como experiencias óptimas. Estados de flujo donde la recompensa placentera está en el proceso mismo de ese hacer. Dice que las experiencias óptimas son parecidas a la felicidad. La conciencia tiranizada por el caos se diluye en la atención plena en un fluir creativo, en la satisfacción del procesamiento de la energía psíquica en lo que se hace. Danzar, cocinar, escribir, caminar, conocer, investigar. Es decir jugar con el cuerpo, el pensamiento y la imaginación.
Podemos volver a decirlo. La dicha no es una cosa alegre. Ella reclama procesos elaborativos y disposiciones lúdicas para darle crédito al deseo. La dicha es intermitente. Tanto bien amenazado, como bien a cultivar.
Breve fragmento clínico
Recorto un fragmento clínico, un collage dentro del collage. Lo que recuerdo del tratamiento de Juan. Pide análisis cuando su creencia en Dios se quiebra, cuando los rezos y plegarias no le alcanzan para tramitar una serie de duelos y lo ponen de cara a la experiencia dolorosa de un desamparo radical. Así se inicia su aventura transferencial y, por qué no decir, su camino madurativo, a partir de la pérdida del sentido de su vida.
Un día de esos primeros tiempos, cuando estábamos finalizando la sesión, me pregunta: ¿Ud. es católica?” y agrega: “no sé si podría confiar en alguien que no lo fuera”. Le dije: “yo no practico ninguna religión. Dios me interesa como problema filosófico y antropológico, es decir me interesan las diversas formas de presentación de Dios en la cultura.
Se quedó en silencio, ya sobre el final de esa sesión.
La conversación analítica, que sin embargo continuó, hizo lugar a la narrativa de sus accesos de ansiedad, a la reescritura de su vida, a la de los terribles temores que lo torturaban. A sus convicciones prejuiciosas con las que se eludía toda experiencia propia, a la práctica y creencia religiosa que no hacía comunidad con los pocos amigos que tenía. Una cabeza que no paraba de torturarlo con sus designios de locura y enfermedad.
A diferencia del silenciamiento por atención plena, el trabajo de análisis exploró el caos de la conciencia conectándolo con la dimensión inconsciente de sus fantasmas y con la pregunta por su deseo, introduciéndolo en la disposición creencial, lúdica y poética con la palabra. Vía regia de acceso al inconsciente y a los procesos elaborativos.
Yo me preguntaba silenciosamente por los recursos psíquicos de Juan para encontrar una salida creativa y transformadora de ese momento tan difícil de su vida. El tratamiento duró unos años y con éste, su primer viaje psicoanalítico, cursaron los duelos y se transformó su relación a la religiosidad. La curiosidad liberada fue haciendo espacio a un redescubrimiento del mundo. Este tramo de análisis concluyó con su deseo de hacer un largo viaje por Latinoamérica que elaboró en análisis e inició al poco tiempo.
Unos cuantos meses después de nuestra despedida me hizo llegar un regalo. Una lámina del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín titulada “Lágrimas de sangre” cuadro que pertenece a la serie “La Edad de la Ira”.
Juan escribió en el dorso de la lámina: “Para mi querida analista, compañera de tantas tormentas”.
Y yo pensé: la vida sin poética, no es vida.
